Capitulo 2.
Al
llegar a la granja, Carolina despertó a su hija dándole golpecitos en el
hombro, al abrir los ojos oyó que su madre le decía:
-Tienes
cinco minutos para adecentarte mientras hablamos con los dueños de la granja,
cuando Romualdo te abra la puerta, quiero que bajes y seas la señorita que
pareces; ni se te ocurra montar ningún espectáculo Lily o el año que viene
verás la universidad de Oxford por fotos, ¿de acuerdo?
-Sí,
madre, no hay ningún problema. Bajaré del coche e intentaré que parezca que
adoro este sitio con olor a estiércol-. Contestó Lily con una mezcla de ironía
y enfado en la voz.
Su
madre asintió, bajó del coche junto a su padre y ambos se dirigieron hacía un
matrimonio acompañado por sus hijos que les esperaban a pocos metros del coche.
Desde la ventanilla de cristales tintados, Lily vio como sus padres se
presentaban ante los anfitriones, sacó del bolso su espejo de mano y se retocó
el pelo, luego se miró el rostro por si había alguna imperfección en su
maquillaje y por último se puso las gafas de sol y esperó. Cinco minutos
más tarde la puerta del coche se abrió, elegantemente bajó las dos piernas
primero y ayudándose de la mano de Romualdo se incorporó.
Allí no
había señales de civilización, la única pavimentación que había era la
carretera por la que habían llegado, ya dejada atrás.
Ante
los ojos de Lily se abría un amplio terreno de tierra. A unos 10 metros de
donde se encontraba se alzaba una casa redonda, algo inclinada hacia la derecha
que tenía planta baja, primer piso y ático; no era una casa normal pues parecía
estar hecha por partes, a su izquierda estaba adosado una especie de pajar. La
casa era de piedra gris y las puertas y ventanas de madera con pintura vieja y
escarcochada, por su parte el pajar estaba hecho de madera y el tejado del
mismo estaba cubierto de gijarros.
Mirara
por donde mirara, Lily solo veía plantaciones y árboles; definitivamente allí
no llegaba la wifi y dudaba que llegara el teléfono.
-Disfrute
de sus vacaciones señorita Johnson- dijo amablemente Romualdo.
-Gracias-
contestó Lily.
De
fondo alguien exaló un: “¡WOW!”, al mirar, Lily vió que provenía de la hija de
los granjeros que la miraba con unos
ojos azules abiertos como platos al igual que su boca que formaba una gran O.
Tomándose
su tiempo al andar, llegá la lado de sus padres y miró a la familia de arriba abajo.
No le caían bien. Eran catetos, ni la madre ni la hija llevaban maquillaje y,
¿qué hacían con camisas de cuadros? Lily las odiaba, nunca habían estado de moda
y hacían parecer a las chicas auténticos chicazos. Y ¿quién se creía el hijo de
los granjeros? ¿Bruno Mars? Lily no sabía que era peor si las camisas o los
pantalones vaqueros raídos.
-Hola Lily, estamos encantados de que pases con nosotros el verano. Ya verás como te
lo pasas genial. Además nuestro hijo Álex tiene tu misma edad y mi hija Carla
tiene 15, podréis hacer cantidad de cosas juntos-. Dijo la mujer del granjero-
Yo soy Isabel y este es mi marido Raimundo.
Lily, mirándola
a través de sus gafas de Dolce&Gabbana se limitó a decir:
-¿A
llegado bien mi equipaje?
Lo dijo
con el tono más frio y distante que pudo, para que todos notaran que no quería
estar allí y pareció surtir efecto ya que Carla cerró la boca, cucó los ojos y
dijo:
-Sí,
llego ayer y está en perfecto estado.
-Bien,
en ese caso que alguien me acompañe a mi habitación para poder arreglarlo
todo-. Se volvió a sus padres y continuó- Padre, Madre os veré en Septiembre,
dadle recuerdos al tío Luke de mi parte. Le dio un beso en la mejilla a cada
uno, estos le dijeron adiós y le desearon buen verano a todos y se fueron.

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