jueves, 23 de agosto de 2012

Novela. Estrelladas noches de verano.



Capítulo 6.

A la mañana siguiente Lily oyó cantar al gallo pero no se levantó hasta las ocho cuando se duchó, se arregló el pelo, fue a su percha cogió su vestido color ciruela de Alexander McQueen, luego fue al armario y cogió sus zapatos negros de Yves Saint Lauren, del joyero cogió su pulsera de plata de Armani y su anillo del mismo diseñador. Cuando se hubo vestido se acercó al espejo del tocador y se comenzó a maquillar; al terminar ya eran casi las 9 de la mañana cuando bajó a desayunar. En la cocina encontró a Isabel que estaba fregando los platos del desayuno y tenía una cesta llena de hortalizas cogidas el día anterior encima de la mesa para arreglarlas.
-Buenos días – dijo Lily.
-Hola – respondió Isabel – creí que te habían avisado de que el desayuno era a las siete.
-Sí, su hijo lo hizo ayer.
-Entonces, ¿por qué no has bajado a tu hora? – Isabel había parado de fregar y miraba a Lily fijamente, ésta le devolvía la mirada.
-Bueno por dos motivos: uno, porque no veo necesario levanatrme tan temprano para no hacer nada y dos porque desayuno poco, un vaso de leche y una manzana. – explicó Lily.
-Me parece que anoche quedó claro que habías venido a ayudar. – Isabel comenzaba a enfadarse.
-A mí me parece que quedó claro que no pensaba hacerlo y para eso les ofrecí dinero que todavía espero que acepten. – dijo Lily – Hasta que lo decidan, si no le importa me gustaría tomar un vaso de leche y una manzana.
Isabel suspiró y dijo:
-Los vasos y las tazas están en este mueble, - señaló con el dedo un armario situado encima del fregadero – en el de al lado están los platos y en ese cajón de allí – señaló al último mueble que era una mesa de cocina de madera con el poyo de mármol gris. Entonces fue cuando Lily se dio cuenta de que allí había otra puerta, justo enfrente de la puerta de entrada. – Y bajo las escaleras está el frigorífico con la leche y la fruta. Puedes servirte tu misma.
-Hum-  gruñó Lily.
Isabel siguió fregando los platos mientras observaba de reojo los movimientos de Lily. Cuando terminó de fregar los platos se sentó al lado de Lily en la mesa mientras ésta se terminaba su vaso de leche.
-¿Qué hay detrás de esa puerta? – preguntó Lily.
-El salón. – Contestó Isabel – Los sábados y domingos solemos sentarnos ahí para ver alguna película.
-¿Aquí llega la televisión? – preguntó sorprendida Lily.
-Sí, y también el teléfono – respondió Isabel. – Estás en una granja no en medio del desierto.
-Interesante.
Lily se dispuso a subir a su habitación.
-¿Dónde vas? – le preguntó Isabel cuando iba a subir el primer peldaño de las escaleras.
-A mi habitación, obviamente. – respondió Lily.
-Primero recoje eso – dijo Isabel señalando con la cabeza el plato con la cáscara de la manzana y la taza de leche.
-¿Qué? – dijo Lily.
- Has bajado tarde a desayunar y yo ya he fregado los platos, así que ahora te toca fregar los tuyos. – explicó Isabel.
-Señora no he fregado un plato en mi vida, no voy a hacerlo ahora.
-Siempre hay una primera vez para todo.
Lily se dio la vuelta, dispuesta a subir a su habitación.
-El lavavajillas y el estropajo están bajo el fregadero. – la volvió a interrumpir Isabel. – Verás, ahora que estamos solas te voy a dejar clara una cosa, aún no hemos aceptado tu dinero y no creo que lo vayamos a hacer as´que mientras esperas una respuesta asumirás las consecuencias de tus actos, en este caso fregar los platos de tu desayuno por no haber bajado a la hora que se te indicó y otra cosa muy importante: yo no soy tu criada, - Isabel pronunció las últimas palabras muy despacio y claro para que Lily las entendiera bien. - ¿estamos?.
Lily comprendió en aquel momento que esa batalla estaba perdida, Isabel no aceptaría un no por respuesta, así que se acerco a la mesa, cogió su plato y su taza y los llevó al fregadero, abrió las puertas del armario de debajo de este y encontró la papelera donde vació la cáscara de la manzana, cogió el lavavajillas y el estropajo y fregó los platos que luego puso junto a los otros en el escurridor. Hecho esto subió a su habitación, cogió su iPad y escribió lo sucedido con Isabel en su diario.
Mientras Lily estaba en su habitación, Álex y Carla entraron en la cocina.
-¿Se ha levantado ya la princesita? – preguntó Carla a su madre.
-Sí. – respondió Isabel. – Bajó a las nueve, se sirvió el desayuno y fregó los platos.
-¡¿Qué!? – exclamaron Álex y Carla al unísono.
-Jajajaja. Obviamente no quería hacerlo, pero le deje claro que yo no era su criada u que mientras no diéramos respuesta a su proposición tendría que al menos acarrear con las consecuencias de bajar a desayunar tarde. – explicó Isabel.
-Muy bien hecho mamá. – rio Carla – A esa le hace falta un buen escarmiento.
Álex miró hacia las escaleras y dijo:
-Mamá, ¿puedo tener la tarde libre?
-¿La tarde libre? – exclamó  su madre.
-Sí, íbamos a quitar las malas hierbas para quemarlas mañana temprano pero tengo una idea y quiero llevarla a cabo. – dijo Álex.
- Bueno, hijo, supongo que no habrá ningún problema. – dijo su madre.
-Y, ¿qué idea es esa? – preguntó Carla, mirando a su hermano con el ceño fruncido.
-Em, ya lo veréis. – dijo Álex con una media sonrisa.
-Odio cuando te pones intrigante hermanito. – dijo Carla y luego se dirigió a su madre – Mami ya que esta tarde no iremos a recoger malas hierbas, ¿podemos ir a la ciudad?
- ¿Para qué quieres ir a la ciudad?
-Bueno, hoy es viernes y las chicas suelen quedar para salir y eso y como yo estoy aquí casi nunca puedo ir. Además no hace falta que me recojáis después porque me puedo quedar a dormir en casa de Rochi.
-Sí, es verdad que nunca puedes ir con las chicas en verano. En fin ve a hablar con tu padre y si le parece bien llamas a Rocío y le dices que te quedas a dormir allí.
-¡Gracias mamá! – exclamó Carla y se lanzó a abrazar a su madre, después salió disparada de la cocina y la oyeron gritar - ¡Papááááá!
-Si por ella fuera se quedaba en el internado todo el año. – dijo Álex.
-Sí, no le gusta demasiado la granja. – dijo Isabel.
-Sí que le gusta pero tiene  15 años y todas sus amigas están en la ciudad, es normal que las eche de menos. – dijo Álex.
- Es verdad – dijo Isabel. – Bueno y ¿cuál es ese plan tuyo tan secreto?
-Nada mamá. – y dicho esto subió a su habitación, pero ¿qué le pasaba?, ¿por qué estaba nervioso?
- *Álex, ¿se puede saber qué te pasa? * - pensó - *Sólo vas a enseñarle a esa niña pija que ésta granja no está tan mal. ¿Por qué no te puedes estar quieto? ¿Y por qué buscas algo decente que ponerte? Es sólo una chica, sólo una chica*. – Álex rebuscaba en el armario alguna camisa que no usara para trabajar en la granja. - *¿A quién vas a engañar? Te gusta y punto, por eso estás nervioso y no paras de rebuscar en el armario algo decente que ponerte cuando sabes que nada de lo que te pongas le gustará porque no es de marca.

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