Capítulo 5.
-Pero, ¿qué dices niña? Tú
no tienes edad para firmar cheques – intervino Raimundo.
-¿Se refiere a que no soy
mayor de edad?
-Sí
-Olvida entonces que soy la
única hija de dos célebres abogados multimillonarios. Desde que tenía 16 años
tengo una cuenta propia en el banco y puedo disponer del dinero cuando quiero,
aunque también le puedo pedir el dinero a mi padre y después dárselo a usted,
él creerá que es para ropa y no se molestará en investigar.
-Yo digo que aceptemos –
dijo Carla.
-No podemos hacer eso Carla –
le respondió su madre.
-¿Por qué no? Yo les ofrezco
el dinero que a ustedes les falta. Aunque si no quieren arreglar nada pueden
simplemente decir una cifra, firmaré el cheque igualmente.
-No te vamos a decir que no
necesitamos el dinero, pero tu padres te han traído aquí para que nos ayudes y
aprendas y eso es lo que vas a hacer. – dijo Raimundo.
-Sigo diciendo que deberíamos
aceptar. – Volvió a decir Carla - ¿Tú qué dices Álex?
-A mí me da igual, al fin y
al cabo ya es mayorcita para saber qué es lo que quiere aprender y qué no. –
dijo Álex.
-Lily, Raimundo tiene razón,
tus padres te han traído aquí para que convivas con la naturaleza y aprendas de
ella, no podemos aceptar tu dinero, y menos le vamos a mentir tus padres. – dijo Isabel.
-Me parece que no lo han
entendido bien. A mí me da igual que le digan a mis padres que no salido de mi
habitación en todo el verano, a ellos también les da igual, ya les he dicho
para qué me trae aquí. Si les fresco el dinero es porque quiero que ya que me
va a tener aquí y no pienso hacer nada, acepten el dinero o no, saquen algo de
provecho. – aclaró Lily – Por supuesto, sé que mis padres les paga cada mes o
ya les han pagado una cantidad razonable pero el dinero nunca sobra, hasta
alguien como yo lo sabe.
-Eres una gran negociadora,
sí señor. – dijo Raimundo.
-Tengo dos buenos maestros y
dentro de unos meses cuando cumpla la mayoría de edad heredaré parte de una de
las empresas de mi padre en Reino Unido. Llevo aprendiendo a manejar una
empresa desde que tenía 15 años.
-¡Vaya! Entonces, ¿no vas a
estudiar una carrera ni nada por el estilo? – preguntó Raimundo.
-Pienso estudiar traducción
e interpretación en la Universidad de Oxford. Pero aún así, algún día seré la
dueña de la mayoría de las empresas de mis padres y es mejor estar preparada.
-Si sabes que no vas a hacer
nada y sabes que tus padres ya nos pagan, ¿por qué nos ofreces dinero? –
preguntó Raimundo.
-La primera cosa que tienes
que aprender cuando te tienes que hacer cargo de una empresa es a conocer a la
gente sin preguntarle directamente; es cierto que al principio parece muy
difícil puesto que las personas son muy diferentes entre sí, pero pronto te das
cuenta de que todos son prácticamente iguales, todo el mundo es avaricioso y lo
más importante: todo el mundo necesita dinero, les sobre o les falte. Por eso
estoy tan segura de que van a aceptar mi oferta.
-Nosotros no necesitamos
dinero, estamos bien como estamos. – dijo Raimundo muy serio. No le gustaba la
filosofía de aquella chiquilla.
-Yo misma necesito dinero y
llevo unos zapatos de Yves Saint Lauren, así que dejen de hacerse de rogar y
acepten el dinero, saldrán perdiendo si no lo hacen porque de todas formas no
pienso hacer nada.
-Sí, papá, acepta de una vez
y deja que se encierre en su cuarto con su ropa de marca y su guitarra, al fin
y al cabo con tacones no se puede hacer nada en el campo. – dijo Carla.
-¡Carla, por favor! – la reprendió
su madre.
-Muy bien, Lily, deja que
nos lo pensemos. – dijo por fin Raimundo.
-De acuerdo. –accedió Lily.
Se levantó y se fue a su habitación. Sin duda esta familia era honesta, por un
momento había creído que no iban a ceder.

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