Capítulo 8.
Álex y Lily salieron de la casa y comenzaron a caminar. Él iba algunos pasos por delante de
ella quien caminaba casi de puntillas y sin quitar la vista del suelo para
evitar caerse.
-¡Cómo se me estropeen los zapatos será culpa tuya! – se quejó
Lily.
Álex suspiró y siguió andando.
-¡Arg! Esta gente no sabe apreciar unos buenos zapatos.
Normal, ni siquiera pueden soñarlos. – dijo Lily en voz baja.
Al cabo de unos minutos Lily preguntó:
-¿Queda mucho?
-No, es justo allí. – Álex señaló con el dedo índice un
sitio que Lily no vio. – No tardaremos en llegar.
Álex miró hacia atrás y vio que Lily se había
quedado quieta, sus ojos estaban
llorosos y reflejados en ellos había tal expresión de terror que Álex corrió
hacia ella preocupado.
-¿Qué te pasa? – preguntó al llegar a su lado.
Lily sin poder articular palabra señaló al suelo. Al
mirar, Álex no vio nada que pudiera provocar tal espanto, así que volvió a
preguntar:
-Lily, por Dios, ¿qué te pasa?.
-¡Hormigas, hay hormigas por todas partes! – gritó Lily
que en ese momento no pudo más y rompió a llorar.
Álex miró al suelo y efectivamente a apenas un metro de
distancia había un hormiguero del que no paraban de salir y entrar hormigas.
Sin pensarlo ni un segundo, Álex cogió a Lily en brazos y la llevó donde había
tirado su mochila.
-¡Shh, shh! Tranquila, aquí ya no hay hormigas. – dijo Álex
mientras bajaba a Lily de sus brazos.
Al abrir los ojos, Lily vio la cara de Álex a sólo unos
centímetros de la suya y fue cuando se dio cuenta de que Álex tenía los ojos
azules y grandes, algunos lunares en su cuello y el pelo algo largo color
castaño claro, despeinado y con un flequillo hacia el lado izquierdo.
-Ya hemos llegado. – dijo Álex.
Lily se separó de él y vio que estaba en medio del
bosque, en una extensión de hierba donde había una gran piedra.
Álex se aceró a su mochila y saó de ella una manta que extendió
al lado de la piedra, se sentó en ella y apoyó la espalda sobre el monolito.
-Ven aquí y siéntate. - le dijo a Lily.
Ella se acercó y se sentó. Álex que se había preparado
para recibir una respuesta negativa, se quedó sorprendido ante la obediencia de
Lily.
-¿Por qué no lo has hecho? – preguntó de pronto Lily con
la vista fija en el infinito.
-No hacer ¿qué? – preguntó Álex.
Lily giró la cabeza y miró a Álex a los ojos.
-Por qué no has cogido una hormiga y me las ha acercado a
la cara como hacen los demás – respondió Lily.
-¿Por qué habría de hacer eso?
-Todos lo hacen.
- Yo no soy todos – dijo Álex intentando leer a través de
los ojos de Lily – Tu cara era de auténtico pánico. Creo que si hubieras visto
a un oso salvaje justo delante de ti no te hubieras asustado tanto – y sonrió,
dejando ver una dentadura perfecta.
-Gracias – dijo Lily y Álex supo que lo decía de corazón.
-Tú no eres así ¿verdad? – preguntó.
-Así, ¿cómo?
-Maleducada, repelente y superficial, como nos has hecho ver
hasta ahora.
Lily volvió a mirar a ningún sitio.
-Nadie es así – respondió.
-Entonces, ¿por qué finges ser de ese modo? Sólo
consigues que la gente te odie.
-No. Sólo consigo que la gente me odie en tu mundo pero
en un mundo de tiburones como el mío si no eres un tiburón te comen.
-No puede ser tan malo.
-El dinero, Álex, te da muchas facilidades pero no te da
la felicidad. En mi mundo todo se guía por el dinero. Todos los conocidos de
mis padres son empresarios y ricos herederos que sólo buscan ser más ricos. En
mi mundo nadie tiene amigos de verdad, todos y sin excepción se mueven por
dinero – explicó Lily.
-Y, ¿cómo puedes vivir así? – preguntó Álex.
- De la misma forma que tu vives entre cabras y ovejas y
te parece lo más normal del mundo, porque no has conocido otra forma de vivir.
-Yo soy feliz – dijo Álex.
-Enhorabuena entonces – lo felicitó Lily.
-Lily, aquí puedes ser tú misma. Nosotros somos gente
humilde y no le diremos a nadie que eres buena persona.
Lily lo miró y sonrió.
-Sí, de eso me he dado cuenta. Habéis sido los primeros
en no aceptar mi oferta.
-Ja, ja ,ja, ja. Sí, con ellos lo tienes muy difícil –
dijo Álex – Y, ¿por qué no puedes ir con tus padres a Hawaii? – preguntó.
-No lo sé – respondió Lily – Nunca les he preguntado
porque no me llevan con ellos aunque sería raro vivir con ellos 3 meses enteros
después de tanto tiempo.
-¿No vives con tu padres?
-Cuando vengo a España sí pero el resto del año vivo en
Londres. Aunque cuando vengo no es que
estemos precisamente juntos, es decir, vivimos bajo el mismo techo pero ellos
están a sus cosas y yo a las mías y ni nos juntamos para comer.
-¿Por qué vives en Londres?
Lily sacó su iPhone del bolso, buscó una foto y se la
enseñó a Álex.
-¿Ésta eres tú? – preguntó.
-Sí, no estaba precisamente delgada. Ahí tenía 11 años –
dijo Lily – Verás, yo siempre fui el bicho raro de la clase. Todo el mundo se
metía conmigo, me insultaban y me dejaban de lado; si alguna vez se acercaban
era porque teníamos que hacer algún trabajo y les había tocado conmigo, entonces
se hacían todos muy amigos míos porque se corría la voz de que tenía una casa
estupenda y querían ir a verla.
“Odiaba el instituto, todos los días era igual, nada
cambiaba. Risas a mis espaldas, cuchicheos y de vez en cuando alguien que
gritaba: ¡Cuidado que viene la foca!.
A Lily le temblaba la voz, sus ojos se habían vuelto a
humedecer y las lágrimas amenazaban con caer por sus mejillas si se atrevía a
parpadear.
-Yo nunca tuve una mejor amiga de la infancia ni tampoco
de la adolescencia – Lily dio un profundo suspiro – Yo amaba todo lo que casi
todo el mundo odiaba, el inglés, era la mejor de la clase y con eso también
gané algunos enemigos.
“Siempre he amado Inglaterra, soñaba con que llegar el
día de ir allí a estudiar, de terminar el instituto y poder por fin entrar por
las puertas de la universidad de Oxford como alguien nuevo al que nadie
conocía.
“Pero no pude aguantar, las continuas burlas y los
continuos insultos pudieron conmigo, así que cuando tenía 14 años convencí a
mis padres para que al año siguiente me mandaran a estudiar a Londres donde
viven mis abuelos.
“Así al año siguiente me fui a Londres donde pude empezar
una vida nueva. La comida en Inglaterra no es muy buena y yo soy muy delicada
comiendo, así que adelgacé y me convertí en lo que tú llamas pija repelente y
maleducada.
“No quería que me insultaran más, no quería vivir en
Londres la misma historia que en Madrid, así que me formé un escudo que juré
nadie traspasaría jamás.

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