domingo, 2 de septiembre de 2012

Novela. Estrelladas noches de verano.



Capítulo 9.

Álex le devolvió el iPhone a Lily, ella lo cogió y se recostó en la piedra.
-¡Vaya! Desde luego nunca abría imaginado que algo así te hubiera pasado a ti. – Dijo Álex tras unos minutos de silencio – Tienes el aspecto de alguien que siempre consigue lo que quiere.
-Las apariencias engañan. – Dijo Lily.
-Sí, esa frase parece haber sido hecha para ti.
-Bueno, es tu turno.
-¿Mi turno de qué? – preguntó Álex.
-Yo te he contado mi historia, ahora quiero oír la tuya.- Le sonrió Lily.
-Te advierto que es aburrida – dijo Álex.
-Me da igual, quiero oírla.
-Muy bien, tu lo has querido. – Dijo Álex – Mi familia heredó esta granja de mis abuelos paternos, antes de que yo naciera ellos vivían en Asturias, pero luego se mudaron aquí. Tres años después nací yo y en 1997 mi hermana Carla. A los 3 años me mandaron a vivir con mis abuelos maternos para que pudiera ir al colegio pero al morir mi abuelo cuando yo tenía 6 años, un niño pequeño  en casa era demasiado para mi abuela así que me fui al internado y allí he estado toda la vida. Después también fue allí mi hermana. Tachán, ya está. Esa es la gran historia de mi vida. El tiempo que no estoy en el internado estoy aquí ayudando a mis padres.
-Tenías razón. – Dijo Lily.
- ¿Sobre qué?
-Es aburrida. – Lily se rió.
-¡Vya,vaya! Con que de guasa ¿no?.
-Vale, era broma.
- Y, ¿tus amigos?- preguntó Lily.
-Bueno, no es que sea precisamente popular – dijo Álex – Mi mejor amigo es mi compañero de habitación, el cual se pasa todo verano en Almería con la familia de su madre y su novia Marta.
-¿Y ya está? ¿No tienes más amigos?
-Me llevo bien con todos los de mi clase pero no como para salir con ellos. – Dijo Álex – Y bueno, la que era mi “mejor amiga” ya no lo es porque se me ocurrió la genial idea de salir con ella.
-¿Por qué no has empezado por ahí? – dijo Lily – Cuéntamelo todo sobre esa señorita, ¿se viste bien? ¿cómo se llama?.
Álex rió y luego dijo:
-Eres un poco maruja, ¿lo sabías?
-¿Qué? ¡No! Sólo soy una chica, nos gustan esas cosas.
-Se llama Verónica, estuvimos saliendo el año pasado durante 3 meses.
- ¿Y qué paso?
- Que un día se me acercó al final de clase y me dijo: “Te dejo. Adiós”. Se dio la vuelta y se fue, al llegar a mitad del pasillo se puso a besarse con otro.
-¡Qué zorra! ¿Quién era el otro?
-Un tío un año mayor que nosotros, popular.
-Entiendo. – Dijo Lily - ¿Y no le dijiste nada?
-¿Qué querías que le dijera? Sólo quería que me tragara la tierra, fui la comidilla del instituto el resto del año.
-Eres increíble. Yo le hubiera soltado una bordería a la cara. – Dijo Lily.
-Ya, pero yo no soy tú.
Ambos rieron y tras quedarse un momento en silencio tumbados en la manta Lily preguntó:
-¿Por qué me has traído aquí?
-Pensé que te gustaría. – Respondió Álex.
-Pues tenías razón, me gusta. – Lily miró a Álex con una sonrisa.
-Me alegro. – Álex le devolvió la sonrisa a Lliy. – Dentro de poco podrás ver la mejor puesta de sol de tu vida.
-¿Qué hora es? – preguntó Lily.
Álex miró su reloj y dijo:
-Las nueve y media.
-¡Vaya! Se me ha pasado el tiempo volando.
Era increíble lo rápido que se había acabado la tarde. Cuando salió de su habitación Lily sólo pensaba que se le iban a estropear los zapatos pero al empezar a hablar con a Álex todo lo demás había desaparecido. La había escuchado y no se había reído de ella por su miedo a las hormigas, al contrario, la había cogido en sus brazos y la había alejado de allí, en ese momento Lily se dio cuenta de que Álex no era como los otros chicos.
Poco a poco las montañas se fueron tragando al sol y la luna coronó el cielo.
-Será mejor que volvamos. – Dijo Álex.
Lily asintió y se levantó. Se rodeó el cuerpo con los brazos; había refrescado bastante y se había quedado helada. Al verla, Álex sacudió la manta, la dobló y se la echó a Lily por encima. Por toda respuesta ella le dedicó una sonrisa.
Al cabo de una media hora llegaron a la casa, Álex se acercó al salón y saludó a sus padres.
-¿Qué quieres cenar? -  preguntó a Lily. – Mi madre dice que hay boquerones fritos en el horno pero si quieres otra cosa…
-No, me apañó con un yogurt, no te preocupes. – Dijo Lily
-¿Sólo eso? – Lily asintió. – Bueno pues cógelo de la nevera.
Mientras Lily cogía su yogurt, Álex sacó los boquerones del horno, un plato y una cucharilla que colocó encima de la mesa. Ambos se sentaron a la mesa.
-¿Tenías hambre? – preguntó irónicamente Lily al ver como Álex devoraba los boquerones.
- No he comido nada desde mediodía, no se cómo tu no te mueres de hambre.
-No acostumbro a cenar demasiado, si lo hago no duermo bien. – explicó Lily. – La próxima vez llévate algo de comida para la tarde o temeré que me comas a mí. –Lily rió.
-Hoy estás muy graciosa, ¿lo sabías?
-No, has tenido que venir tú a abrirme los ojos.
-Me parto – ironizó Álex.
-No era una broma. – Lily se terminó el yogurt, se levantó a tirarlo y se sirvió un vaso de agua. Luego se volvió a sentar con Álex y esperó a que terminara de cenar. Cuando lo hizo Lily anunció. – Yo me voy a ir a mi cuarto; quiero ducharme antes de acostarme.
-Te acompaño arriba. Creo que hoy echaban American Pie en la tele.
-Por favor dime que no te gusta esa película.
-¿Qué? Es graciosa.
Lily puso los ojos en blanco y subió al primer piso mientras que Álex le daba las buenas noches a sus padres.
-Buenas noches – le dijo a Lily cuando llegó al rellano donde estaban las habitaciones.
-Buenas noches a ti también – le dijo Lily con una pequeña sonrisa. – Que duermas bien.
Álex le sonrió, se dirigió a su puerta y Lily subió un par de peldaños. Álex estaba girando el picaporte de la puerta cuando Lily dijo:
-Álex, - este se dio la vuelta – hoy me lo he pasado muy bien. Gracias por escucharme y por salvarme de las hormigas.
-No hay de qué. Ha sido todo un placer. Aunque si ves que otra hormiga intenta atacarte ya sabes donde estoy. – Álex le guiñó un ojo.
-¿Y ahora quién es el gracioso? – dijo Lily.
Ambos rieron y luego Álex se entró a su cuarto.
Ya en su habitación, Lily se quitó la ropa que llevaba y se metió en la ducha. Al salir se puso el pijama y se colocó los rizadores en el pelo. Después se metió en la cama, apagó la luz y se quedó allí recordando la tarde que había pasado con Álex hasta que se  quedó dormida.

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