viernes, 14 de septiembre de 2012

Novela. Estrelladas noches de verano.


Capitulo 10.


Tras ponerse su vestido blanco de Gucci y sus zapatos de tacón de Prada, Lily bajó a desayunar.La cocina estaba desierta así que se acercó al frigorífico para sacar la leche, cuando una voz sonó a su espalda.

-Será mejor que desayunes rápido si no quieres que mi madre te regañe de nuevo.
Una sonrisa se dibujo en la cara de Lily al reconocer la voz de Álex.
-Buenos días Álex – dijo - ¿Dónde está tu madre?
-Ha salido a hablar con mi padre un momento. ¿Qué buscas? – preguntó al ver que Lily recorría la cocina con los ojos.
- Naranjas, quisiera hacerme un zumo. – respondió.
-Están en el frigorífico, en la segunda bandeja. – dijo y se dirigió a uno de los armarios para sacar el exprimidor, que puso encima de la mesa donde más tarde se sentó a esperar que Lily terminara de servirse la leche.
-¿ Y tú qué haces aquí dentro? – preguntó Lily.
-He entrado a beber agua. – respondió - ¿Cómo puedes desayunar tan poco? Así no rindes.
-¿Ves que yo haga algo que implique rendimiento? – dijo Lily.
-Es verdad. – dijo Álex tras reírse.
-Aunque si te quedas más tranquilo, en Londres desayuno cereales, zumo y tostadas. – dijo Lily – Hay que ir fuerte al instituto.
-Hoy estás muy guapa, más sencilla que de costumbre.
Lily se sonrojó.
-Gracias. – dijo con una tímida sonrisa en los labios. - ¿Y tu hermana? Siempre va pegada a ti como una lapa.
-Eso es porque trabajamos juntos con las ovejas y las cabras. Aprovechando que ayer yo “libré” , por decirlo de alguna manera, llamó a sus amigas y se fue a la ciudad, pasó la noche en casa de una tal Rochi. Volverá esta tarde. – respondió Álex. - ¿Vendrás esta tarde conmigo al bosque?.
Antes de que Lily pudiera contestar entró en la cocina Isabel, cargada con una cesta de patatas. Miró a ambos personajes con el ceño frunciendo y dijo:
-Creí, Lily, que ayer te había quedado claro que aquí se madruga así que vete aplicando el cuento. Y tú, - señaló a su hijo con el dedo índice. – vete al huerto que tu padre te necesita.
Y sin rechistar Álex se levantó, le guiñó un ojo a Lily y desapareció por la puerta. Tras dedicarle una sonrisa, Lily se levantó y comenzó a lavar los vasos de su desayuno.
-Cocina – dijo de pronto.
-¿Qué? – dijo Isabel.
-Prefiero ayudar en la cocina que en el campo. Aunque necesitaré guantes, aquí no puedo arreglarme diariamente la manicura.
Algo sorprendida, Isabel dijo:
-Claro, sin ningún problema, enseguida te los doy.
Fue a la mesa de madera y mármol y sacó del cajón un delantal limpio, luego se dirigió al armario de debajo del fregadero y sacó un par de guantes de látex.
-Puedes empezar por pelar unas 10 o 12 patatas, las que queden las metes en el verdulero. – dijo mientras Lily se ponía el delantal y los guantes.
Cuando terminó de pelar y cortar las patatas, algo en lo que no era muy diestra, eran casi las una.
-Si quieres puedes subir a tu habitación. – dijo Isabel.Lily asintió, se quitó los apechusques de cocina y subió a su habitación donde se lavó las manos y se puso a tocar la guitarra.
                                        · · ·  
-¿Se puede saber que le hiciste ayer a la princesita para que hoy se haya ofrecido a ayudarme? – preguntó Isabel a su hijo cuando este volvió de hablar con su padre.

-Simplemente estuvimos hablando. – respondió.
-¿Y de qué?
-Eso es secreto de estado a menos que ella quiera contartelo.
-Vaya, vaya, vaya. Así que, ¿ahora descubriremos que la dama de hielo tiene corazón?
-Yo ya lo he hecho. – dijo Álex. - ¿Qué hay de comer? – preguntó para cambiar de tema.
-Sopa, tortilla de patatas y croquetas. – respondió su madre.
-Vale. Voy a darme una ducha y enseguida bajo. 
   
                            · · ·
Sentada ante el tocador, Lily se terminada de arreglar las uñas cuando su móvil avisó de que tenía un mensaje de texto. Se acercó a la mesita de noche y lo abrió.


“Hola Lily, espero que estes bien. ¿Dónde te
Han mandado este año? Ahora estoy en los

Ángeles con mis abuelos, mis padres vienen

El próximo fin de semana. Prometo llamarte

Pronto, mientras no te aburras mucho.

Te quiero xoxo
Amy”


Amy era la mejor amiga de Lily, o más bien su única amiga. La había conocido cuando tenían 8 años porque sus padres y los de Amy eran grandes amigos. Amy era americana pero sus padres la habían mandado a estudiar a España a la edad de 7 años. Los padres de Amy eran los propietarios del famoso bufete de abogados Sanders&Co, donde acudía todo aquel que era alguien en Estados Unidos, desde millonarios de Beverly Hills hasta estrellas de Hollywood.Lily pulsó la poción de responder y escribió:



“Hola Amy. Sí, estoy bien. Este año esty en
Asturias, aunque parece que será diferente.

Cuando llames ya te contaré. Como siempre

Yo aquí no hago mucho, aunque estos no han

Aceptado el dinero que les ofrecí. Parece que

Son buenas personas. No se como estoy de
Cobertura así que a lo mejor no podemos
Hablar mucho.
Te quiero xoxo
Lily”

Al bloquear el iPhone, Lily se dio cuenta de la hora que era, las 14:15.

 Fue al tocador, guardó todos los utensilios de manicura, se miró al espejo y bajo a comer.
Todos menos Isabel estaban ya sentados a la mesa, con los platos servidos. Lily se sentó donde siempre y cuando Isabel se hubo sentado comenzó a comer.
De nuevo, la familia se puso a charlar sobre los asuntos de campo y planearon cuando irían a por Carla. Al parecer se iban a ir a eso de las 17.00 hacia la cuidad, tomarían un café allí y luego aprovecharían para comparar algunas cosas que les hacían falta; Isabel , algunos utensilios de cocina y ropa y Raimundo, cosas de ferretería. Cuando terminaran de todo irían a recoger a su hija. Se suponía que regresarían sobre las 21.30 de la noche.
Álex, tras meditar unos momentos decidió que no necesitaba nada de la cuidad y quiso quedarse en la granja. Circunstancia  que provocó el leve enrojecimiento de Lily al intentar ocultar una sonrisa.
Al  terminar de comer, Lily llevó su plato al fregadero, dijo un tímido: “Buen viaje” y subió a su habitación.
Allí el sol entraba sin mesura por las ventanas así que Lily bajó las persianas. Luego se puso su camisón negro de seda y su antifaz y se acostó en la cama.
Un ruido la despertó de su sueño. Más tarde se dio cuenta que había sido una puerta al cerrarse. Se incorporó y miró el reloj, pasaban unos minutos de las cinco, supuso que los Orcera Expósito se habían ido a la ciudad.
No le había dado tiempo a levantarse de la cama cuando oyó unos pasos apresurados que subían por las escaleras y entonces Álex entró precipitadamente en la habitación de Lily.
-¡Eh! – exclamó ésta mientras se tapaba con las sábanas.
-¡Perdón! – dijo Álex y se quedó en la puerta.
-¿Qué quieres? – preguntó Lily dejando su antifaz con una sola mano en la mesita de noche.
-Esta mañana no te dio tiempo a responder a mi pregunta.
-¿Qué pregunta?
-¿Vienes conmigo al campo? – reformuló Álex.
Una sonrisa se dibujo en la cara de Lily y miles de diapositivas de la tarde anterior pasaron por su cabeza.
-Vale. –dijo finalmente.
-Te espero abajo. Coge tu guitarra. – dijo Álex, después chascó la lengua y guiñó un ojo a Lily en un movimiento simultaneo.
Ni un segundo después de que Álex cerrara la puerta cogió su vestido negro de Armani y se lo puso con un ágil movimiento, luego se acercó al zapatero y cogió sus manoletinas (las únicas que tenía para salir) de Yves Saint Lauren, que su amiga Amy le regaló para su cumpleaños el verano anterior. Por último cogió su bolso de Marc Jacobs, metió en el su iPhone, un par de púas, una cejilla y sus gafas de sol de Jimmy Choo. Se miró en el espejo, perfecta, agarró el estuche de su guitarra y la metió dentro, lo cerró y bajó al salón donde Álex la esperaba viendo la tele.
-Hola. – dijo Lily.
-Qué guapa. – dijo Álex mientras se levantaba del sofá. – Vámonos.
Después de recorrer todo el camino hasta el prado, Lily y Álex se sentaron como la tarde anterior.
-Me ha dicho mi madre que hoy la has ayudado en la cocina. – dijo Álex.
-Sí. Bueno ayer me dijiste que aquí podía ser yo misma. – Álex asintió – No te puedo asegurar que vaya a serlo por completo, después de tantos años con una fachada acabas creyéndote algunas cosas.
-Por ahora lo estás haciendo muy bien. Y a mí me encanta tu verdadero yo.
Álex se acercó un poco a Lily y pasó su brazo alrededor de sus hombros.
-Bueno, ¿me vas a dar el placer de oírte cantar?
-Am, sí, claro. – respondió Lily - ¿Qué quieres oír?
-Lo dejo a tu elección.
Lily le sonrió, cogió su guitarra y entonó la siguiente canción.


           You’re always such a fool
And in your eyes so blue

I see the life I never had before […]

I’m glad you had your life

So good to listen to your past […]

But if I try to think of something
Better than this
Heaven comes down and reminds
           The luck we live […]
Al terminar Lily miró a Álex esperando su opinión.
-Mucho mejor así que a dos pisos de distancia – dijo Álex.
-Gracias.
-Enséñame algo con la guitarra.
- ¿No sabes nada?
- Nulo totalmente.
-Está bien. – Lily se acercó a Álex hasta que sus costados estuvieron juntos y colocó la guitarra de manera que Álex pudiera coger el mástil con facilidad.
-Coloca tu mano sobre el mástil, vale, ahora coloca tu dedo índice sobre la segunda cuerda, así, el dedo corazón sobre la cuarta y el anular sobre la quinta, así, perfecto. – Lily fue colocándole los dedos y luego pasó su dedo pulgar por las cuerdas de la guitarra para tocar un perfecto acorde de Do. – Eso es un Do.
Lily miraba a Álex mientras se lo decía, sus cabezas a apenas unos centímetros de distancia. Álex soltó la mano del mástil, acarició la mejilla de Lily y la besó.

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