Capítulo 12.
Cuando a las 7.30 am Lily apareció en la cocina con su
vestido de Dior y sus zapatos de Gucci todos la miraron estrañados
preguntándose qué hacia allí.
Álex que antes de que Lily hiciera su aparición antenía
una animada charla con su madre salió atropelladamente de la cocina sin
terminar su tostada.
-¡Álex! – exclamó su madre que se había quedado con la
palabra en la boca - ¿Pero qué mosca le ha picado? – Carla dirigió una mirada
furtiva a Lily y contestó:
- Nada mamá, déjalo.
Lily se sentó, se sirvió un vaso de zumo y un par de
tostadas. Mientras comía no dejaba de mirar hacia la puerta esperando el
regreso de Álex.
Cuando terminó de desayunar carca de las 8.00 am le
preguntó a Isabel en qué podía ayudar.
-Hoy es viernes así que toca limpieza general. Se empieza
por arriba y se termina aquí. Así que acercate a aquel armario y coge
limpiacritales, una valleta, un plumero y su lo ves necesario nos guantes. –
explicó Isabel – Empieza por tu
habitación. Cuando termines de quitar el polvo y limpiar los cristales bajas
por los productos de baño, la escoba, el recogedor y la fregona y terminas de
arreglarlo.
-Sí, señora. – contestó Lily.
-Lily – la llamó Isabel antes de que hubiera llegado al
armario – deja de llamarme señora, me hace sentir mayor.
-De acuerdo señora. ¡Perdón! – se disculpó al ver como
las cejas de Isabel se levantaban peligrosamente. - ¿Cómo la llamo entonces? –
preguntó.
-Pues por mi nombre, Isabel. – respondió – Y tampoco me
trates de usted que no es necesario.
-Vale. – dijo Lily con una sonrisa, la primera delante de
Isabel.
Al cabo de una hora Lily terminaba de fregar el suelo del
baño. Exhaló un profundo suspiro y se apoyo en el palo de la fregona cuando
hubo terminado acabado la tarea. Entonces recogió los productos de limpieza y
se dispuso a bajar a la cocina.
Al llegar al rellano del primer piso se encontró con Álex
que se dirigía a su habitación.
-Hola – saludó Lily.
Álex le lanzó una mirada tímida y dijo.
-Hola – y dicho esto entró en su habitación.
Lily siguió bajando las escaleras y escuchó a Carla
intentando convencer a su madre para dejarla ir a una fiesta.
-Mamá, todos los de mi clase van a ir. – lloriqueaba.
-Ya fuiste a la cena de fin de curso Carla, no se porque
haceis otra.
-Porque vienen llos franceses que vinieron de intercambio
el año pasado. Por favor mamá dejame ir.
-He dicho que no.
Carla se cansó se discutir y salió de la cocina llorando.
-¿Ya has terinado de arreglar tu cuarto? – le preguntó
Isabel a Lily.
-Sí.
-Bien. Puedes seguir por el salón.
Lily volvió a coger el plumero y el limpiacristales y
entró en el salón.
-¿De qué cena hablaba Carla? – preguntó Lily a Isabel.
-Hace un año hicieron en su instituto un intercambio con
Francia y sus amigas acojieron a algunos alumnos de allí. Por lo visto este año
vienen a visitarlas y como fueron buenos amigos han decidido hacer una cena
para verse. – explicó Isabel.
-¿Y por qué no la dejas ir?
-Porque ella no se fue de intercambio y nadie vino aquí,
así que en mi opinión no pinta nada en ese encuentro.
-Que no viniera nadie aquí no significa que no se hiciera
buena amiga de los que vinieron.
-Sí pero de todas formas son las que los acojieron las
que tienen que estar con ellos, no mi hija.
-No te voy a contradecir pero los franceses hicieron más
amigos aparte de sus familias y querrán verlos, sobretodo si van a estar aquí
poco tiempo.
Isabel pensaba contestar a Lily pero Álex bajó en ese
momento a la cocina.
-Mamá, ¿se puede saber por qué tengo a Carla llorando
desconsolada en mi cama?
-Le he dicho que no puede ir a la cena esa que han
organizado sus compañeros de clase. Por lo visto vienen unos franceses.
-¿Los del intercambio del año pasado?
-Sí.
-Ah. Deberías dejarla ir. Está muy ilusionada.
-Ya fue a la de fin de curso.
-No es lo mismo mamá. Vienen sus amigos a los que no ha
visto en un año.
Isabel, harta, bufó.
-Está bien. Voy a hablar con tu padre. – concluyó Isabel
y salió de la cocina.
Álex sonrió satisfecho y se dispuso a subir a su
habitación de nuevo.
-Álex – dijo Lily.
Álex se giró pero no miró a Lily.
-¿Podemos hablar? – preguntó Lily.
-¿De qué?
-De lo que pasó ayer.
-No creo que haya nada de que hablar. Quedó todo muy claro.
-Pues yo discrepo.
-Vale – dijo Álex y volvió a darse la vuelta para subir a
su habitación.
-¡Alejandro Orcera! ¡Vuelve aquí! – gritó Lily.
Álex asombrado se dio la vuelta y la miró.
-¿Qué me quieres decir? – preguntó acercándose a Lily. –
Ayer te besé y tu te apartaste. No creo que haya nada que aclarar. ¿Quieres que
te explique por qué te besé? Porque me gustas, mucho, desde que bajaste del
coche hace una semana y cada día me gustas más. Te besé porque me apetecía,
porque no aguantaba más sin hacerlo y porque lo necesitaba.
Lily estaba allí plantada, delante de Álex, mirándole a
los ojos, esos preciosos ojos azules y no sabía que decir. Las palabras de Álex
la habían emocionado. No sabía qué decir pero sí qué hacer. Cogió a Álex por el
cuello y lo besó. Apasionadamente como si nunca más fuera a tener sus labios
junto a los suyos.
Álex pasó su brazo alrededor de la cintura de Lily y la
atrajo todo lo que pudo a él. Después la cogió en brazos y ella enredó las
piernas en su cuerpo. Sin dejar de besarla la subió encima de la encimera y
llevó sus besos hacía su cuello haciendo que Lily exhalara un suspiro de
placer.
Álex se separó de Lily, juntó su frente con la de ella y
la miró a los ojos.
-¿Qué pasa? – preguntó Lily jadeante.
-Nada – contestó Álex volviendo a besarla.
Lily rodeó el cuello de Álex con ambos brazos y con las
piernas lo atrajo hacia sí, lo que hizo que su erección se presionara sobre la
pelvis de Lily. Esta rió pero no hizo ningún comentario.
♫
Ay,
ay, ay, let it rain over me […]
I’m rising
so high out of my mind
♫
Let
it rain over me […]
Sonó el móvil de Lily. Álex y ella se separaron.
-Dime que no lo tienes que coger – dijo Álex.
-Hum, lo siento, es el tono de llamada de mi amiga Amy.
Tengo que cogerlo sin remedio – contestó Lily.
-No es justo – dijo Álex apartándose de Lily para que
pudiera ir a la mesa a coger su iPhone.
-Amy eres la amiga mas oportuna del mundo – dijo Lily al
descolgar el teléfono.
-¿Te pillo en mal momento? ¿Qué hacías guarrilla?
¡Cuenta, cuenta! – dijo Amy.
-Am, te llamo en un par de minutos ¿vale?.
-Odio cuando te pones intrigante. Ok, pero ¡llámame eh!
-Que si. Un beso.
Lily cortó el móvil y se acercó a Álex que estaba apoyado
en la encimera.
-Tengo que subir a hablar con mi amiga.
-Yo debería ir a consolar a mi hermana.
Se volvieron a besar. Álex pasó su lengua por los dientes
de Lily y esta separándolos un poco se la mordío suavemente haciendo que Álex
sonriera.
-Será mejor que paremos. – dijo.
-Sí, tenemos cosas que hacer.
-¿Nos vemos esta tarde? - preguntó Álex.
-Vale.
-Te llevaré a un sitio especial.
-¿ A donde? – preguntó Lily intregada – No te vayas,
vuelve aquí – dijo cojiendo a Álex de la mano para que no subiera las escaleras
y tirando de él.
-Es sorpresa. Pero ponte ropa de baño – le dio un pico. –
Te espero a las cinco. – y se fue.
Sonriendo como una boba, Lily volvió al salón para
terminar de limpiarlo.

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